No todos los días te cruzas con un golden retriever en Tailandia.
Cuando Niall encontró a una perra encadenada, enferma y en un estado lamentable, algo en ella le recordó su propia lucha contra la adicción. Supo de inmediato que tenía que rescatarla: los golden retriever son muy poco habituales en Tailandia. Pero había algo especial en ella, algo que le decía que estaba destinada a cambiar muchas vidas.
La llamó Tina, y lo que ocurrió después se convertiría en una extraordinaria historia de supervivencia, esperanza y amor. A pesar del maltrato que había sufrido a manos de los humanos, Tina nunca dejó de confiar en ellos ni se dejó vencer por la tristeza. Al contrario: abrió aún más su corazón. Y, como siempre, lo hizo con una sonrisa (sí, los perros también sonríen) y con ese incesante vaivén de su peluda cola dorada. Desde el momento en que quedó libre de las cadenas, Tina pareció saber exactamente qué tenía que hacer. Inspiró la creación de un hospital veterinario que hoy lleva su nombre y ayudó a perros de todo el mundo, desde perros callejeros tailandeses hasta cachorros rescatados en Montana. El movimiento que impulsó no ha dejado de crecer.
Esta es su historia.