En septiembre de 1985 comenzó a emitirse en nuestro país una serie que marcaría para siempre a toda una generación: Dragones y mazmorras. Muchos de los niños que se sentaron frente al televisor para acompañar a Hank, Eric, Presto, Diana, Sheila y Bobby en sus aventuras desconocían que aquellas historias tenían su origen en un juego de rol que, por entonces, todavía era un gran desconocido para el público general: Dungeons & Dragons. El impacto de la serie fue extraordinario. Las aventuras de aquel grupo de jóvenes atrapados en un mundo fantástico, sus criaturas imposibles y sus interminables enfrentamientos con el mal despertaron la imaginación de miles de espectadores.