Había una vez un castillo habitado por animales. Había una vez, en ese castillo, un gobierno despótico y un pueblo oprimido. Había una vez amenazas, agresiones, ruina y muerte. Y había una vez una gata valiente que lideró una rebelión pacífica, una revolución que nació con la esperanza de levantar una utopía que no se eleve sobre los huesos de los muertos.