Traducir cómics: un trabajo duro (y a veces ingrato)

09/12/2020
  • ¿Sabes qué implica traducir cómics? No es un trabajo tan sencillo como parece. Se trata de un oficio duro y, a veces, ingrato por la falta de visibilidad del esfuerzo de los traductores. Hoy nos adentramos en los entresijos de esta profesión.

  • Analizar el proceso de traducción de un cómic despierta gran interés, ya que se aplica a un entorno mixto debido a la coexistencia de códigos visuales y verbales que están unidos íntimamente y se complementan a la hora de ofrecer un significado completo.

    Hablamos, pues, de que se trata de traducir, digamos, la comunicación, no sólo la lingüística.

    El traductor ha de hacer uso de toda su habilidad. Por un lado, tiene que luchar con los propios problemas de traducir el texto de la manera más fiel posible, no solo de manera gramatical y semántica, sino también cultural; por otro lado, ha de plegarse también a las necesidades de tipo técnico representadas de manera fundamental por la limitación de espacio debida a la distribución de la imagen y al tamaño de las cartelas y bocadillos. A todo ello se añade también la necesidad de evitar a toda costa anotaciones a pie de página, anexos o ampliaciones explicativas.

  • Pero no acaba la cosa aquí, puesto que nos encontramos también con un amplio surtido de interjecciones, onomatopeyas, juegos de palabras, expresiones y modismos coloquiales que no siempre tienen una traducción exacta en la nueva lengua… y la influencia, cómo no, de la cultura del país de origen.

    Así que, como en Akira Cómics no nos olvidamos de nadie dentro del mundillo, vamos a profundizar en el trabajo que supone el traducir un cómic.

  • ¿Por qué se traduce un cómic y dónde se aplica esa traducción?

  • Un cómic se traduce por una razón concreta y fundamental: las exigencias comerciales ligadas a la oferta y demanda del producto. Dicho en claro: si en Islandia quieren vender un cómic iraní, no queda más remedio que buscar un traductor del farsi al islandés.

    Pero, consideraciones comerciales aparte, el cómic es un poderoso canal de comunicación para la difusión de la cultura del país de origen, a la par que permite un cierto contacto intercultural entre varias sociedades.

    Es en este punto en el que nos encontramos con el primer aspecto polémico: ¿se debe adaptar la traducción y el cómic a la cultura del país receptor o se debe tomar distancia al respecto?

    La verdad es que ambas respuestas son correctas: por un lado se dejan sin adaptar todos aquellos casos en los que haya presente cierta universalidad temática que no suponga un reto para la comprensión por parte del lector; y por otro lado, se requiere una adaptación en caso de que se aluda a situaciones y contextos estrictamente nacionales que crean situaciones de inmediata comprensión para el lector original, pero que resulten escasamente comprensibles dentro de la cultura receptora.

    Pongamos dos ejemplos que serán bastante ilustrativos.

    En el cómic de Astérix “La residencia de los dioses”, aparece un personaje que presenta un sorteo: en el original se le presenta con el nombre de Guidus, comprensible si sabemos que se refiere a un veterano presentador de programas de entretenimiento francés llamado Guy Lux

    En la traducción española, puesto que el nombre del personaje francés no le diría nada al lector, se adaptó como Matius Pratius, equivalente bastante conocido (aunque yo habría utilizado Joaquinus Pratius, ya que el parecido con la caricatura original es más patente, pero bueno).

  • Otro ejemplo lo tendríamos en el cómic de Superlópez “La acera del tiempo”, en el que en un momento dado el profesor Stupend Kong manifiesta su deseo de dedicarse a fabricar clones de Marta Sánchez… personaje público español que en su edición italiana, por ejemplo, fue sustituido por Valeria Marini.

    Pero esto sólo son ejemplos de lo más evidente: se aplicaría también a giros y modismos idiomáticos. Imaginemos un caso en el que en el bocadillo de un cómic americano apareciese “S.O.B.”… no podemos traducirlo literalmente como “hijo de puta”, y un “HdP” quedaría bastante incompleto y poco explícito, pero sí podemos usar un modismo doméstico como “cabrón” sin alterar demasiado el contexto y el significado.

    En definitiva, el concepto de adaptación se tiene en cuenta atendiendo a dos aspectos: la adaptación cultural técnica no lingüística, y la adaptación relativa al aspecto lingüístico del cómic.

    En el primer aspecto, hablamos de adaptar elementos de edición y formato a los gustos del país de origen, que no suele encomendarse al traductor; y en el segundo, ya abordamos los temas relativos a la política, sátira de tipo cultural o social, ironía y guiños humorísticos y cualquier cosa relativa al mundo compartido con la sociedad destinataria del texto traducido y que se manifiesta a través de las palabras de los protagonistas. Ahí es donde el traductor ejerce su labor.

  • La traducción del lenguaje de la imagen

  • Una de las cuestiones que caracterizan al cómic como un registro de comunicación propio y como un arte independiente es el empleo de convenciones artísticas y narrativas propias que se expresan a través de dos códigos distintos aunque complementarios: el visual y el verbal.

  • Vamos a ver cuáles son los elementos gráficos que pueden complicar el proceso de la traducción: el más patente es el distinguir entre los recursos gráficos que solo afectan al dibujo, y los que afectan solo al texto.

    Los primeros no resultan problemáticos, al tratarse de recursos aceptados universalmente (el interrogante que expresa sorpresa, la bombilla que expresa una idea, las líneas cinéticas…). Sin embargo, los segundos pueden suponer un problema, ya que hablamos de cartelerías, onomatopeyas, etiquetas

    Normalmente, y ante la duda y los costes derivados de una posible manipulación de la imagen original, la postura del traductor suele ser pasiva al respecto y ceñirse en exclusiva al texto del bocadillo o la cartela (y ese ha sido el motivo por el que muchas onomatopeyas de origen anglosajón se han popularizado).

    Pero, en ocasiones, no queda más remedio: imaginad que un dibujo tiene una publicidad de cigarrillos “Marshal” o de whisky “Laphroaig” sin un apoyo que permita reconocer el producto; en esos casos se sustituye por una marca conocida por el lector: Winston, Macallan… o, en otro orden de cosas, onomatopeyas poco convencionales.

  • Traduciendo el texto

  • Vamos ahora a lo que es el meollo de la cuestión: la traducción del texto en sí. En primer lugar, tenemos que tener en cuenta que la extensión del texto traducido jamás debe exceder el espacio que concede el bocadillo o la cartela correspondiente, así como la abundancia de referencias al lenguaje coloquial y elementos paralingüísticos (interjecciones, onomatopeyas, reproducciones de sonidos animales, nombres propios de determinadas emisiones sonoras…).

    En resumen, los rasgos lingüísticos más frecuentes que suelen definir el texto de un cómic suelen ser los que referimos a continuación, y un traductor ha de tenerlos en cuenta a la hora de adaptarlo:

    • Elipsis sintagmática
    • Más uso de la oración simple frente a la compleja
    • Abundantes onomatopeyas
    • Uso de fraseología y juegos de palabras
    • Muchas interjecciones
    • Amplio uso de oraciones exclamativas
    • Uso de insultos o expresiones peyorativas
    • Amplio uso de abreviaturas
    • Utilización de un vocabulario informal muy derivado de la tradición oral coloquial
    • Empleo de diminutivos y aumentativos
  • Pero, como ya hemos indicado, está presente el problema derivado de la limitación espacial impuesta por el tamaño del bocadillo.

    No suele ser problemático a la hora de traducir un texto procedente de una lengua romance como puede ser el francés, dado que el número de palabras utilizado para expresar una determinada situación suele ser semejante. Pero, si la lengua original es el inglés, la diferencia de palabras suele ser de un 30% a favor de la lengua sajona.

    Para facilitar la adaptación del texto traducido al espacio disponible, aparte de la alteración del tamaño de la fuente del texto –no demasiado recomendable por razones puramente estéticas-, hay una serie de dinámicas de limpieza y reducción que el traductor a español puede utilizar:

    • Modificar la estructura de la oración o, incluso, su significado.
    • Evitar y/o eliminar las redundancias
    • Uso de deícticos
    • Eliminación de signos de admiración
    • Uso de las fórmulas más breves posibles (“recordar” en vez de “acordarse de”)
    • Evitar los puntos suspensivos sustituyéndolos por puntos sencillos
    • No usar los puntos y aparte
    • Suprimir las perífrasis en favor de expresiones más directas
    • Representar los numerales con cifras
    • Uso de variantes verbales no pronominales en lugar de las pronominales
  • Como podéis ver, el traducir un cómic es mucho más complejo que traducir un libro o el guión de una serie: en el primer caso, lo traducido sólo puede afectar a la longitud del texto; en el segundo, la única preocupación es que los subtítulos no sean demasiado largos o de que el actor de doblaje correspondiente pueda encajar la frase en el tiempo que dura la dicción en la imagen… El cómic, en cambio, implica muchos más factores y cuestiones a tener en cuenta.

    Así que, ahora, si os encontráis con una traducción que se os antoje extraña o poco apropiada, pensadlo primero: ¿habríais encontrado una alternativa mejor?

    Podéis discutirlo en los comentarios o, directamente, con el equipo de vuestra tienda de referencia que, como bien sabéis, puede poner bajo pedido a vuestra disposición ejemplares originales sin traducir. ¡Veréis como no es tan fácil!

    Imágenes | Akira Cómics.

Francisco Javier Illescas Díaz


Amante de la lectura desde antes de saber leer. Dueño de un ojo certero para discernir hasta los más nimios detalles. Gran aficionado a la Historia y azote de gente poco documentada.

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