¿En qué consiste ser colorista? ¿Para qué sirve?

20/10/2020
  • Hoy exploramos el oficio del colorista, cuyo papel en la creación de un cómic es mucho más que el de dar color a un dibujo previamente entintado. ¡Descúbrelo!

  • Tras habernos acercado al papel del entintador, vamos a acercarnos a la labor del colorista, otro de los “cenicientos” de la profesión.

    Ya sabéis que en Akira Cómics nos gusta hacer las cosas de manera diferente al resto, así que vamos a acercarnos al trabajo de los coloristas.

    La mayor parte de los que leéis este artículo sabréis que la persona que se encarga de dibujar el cómic –normalmente en el entorno del cómic americano, donde se trabaja en serie- rara vez colorea su trabajo.

    Esta compartimentación del trabajo se debe fundamentalmente a las restricciones de tiempo entre la salida de un cómic y la siguiente. Ello permite que los entintadores, rotulistas y coloristas se centren en su oficio.

    Cuando hablamos de un cómic, la atención se dirige normalmente al guionista y al dibujante, pero raramente se habla del colorista. Y es una lástima, pues su misión va más allá de darle color a los dibujos del autor.

  • Mucho más que colorear dibujitos

  • Si le preguntamos a cualquiera qué es colorear, todos nos darán definiciones similares a esta: dar color al dibujo en blanco y negro de un cómic. Pero… ¿realmente consiste en eso?

    En corto: NO.

    ¿Por qué? El color y la elección de una determinada paleta de colores para una escena o cómic en particular nos ayuda a contextualizar el fondo de la historia, el estado de ánimo y el tono general. El color es un recurso potente e insidioso en el sentido de que manipula la percepción del lector para que sienta sin darse cuenta.

    ¿No os lo creéis? Bien. Hagamos, entonces, un ejercicio de imaginación: pensad en una estampa de trasfondo triste, como la de un tipo al borde de un barranco mirando al infinito porque se le ha muerto la madre, o porque le ha dejado la novia, o por lo que sea. ¿La tenéis?

    Bien, pues prosigamos.

    Vamos a darle color. Un determinado artista puede optar por pintar el cielo de rojo, por el crepúsculo, para reforzar la percepción de trauma… Otro, sin embargo, puede elegir colorearlo de gris, con objeto de enfatizar la sensación de tristeza, o esa sensación al borde de la ausencia de emociones (ese “pasotismo” que provoca un trauma reciente)… Un tercero puede elegir el dejar el fondo en blanco, para mostrar el vacío y el sinsentido que siente el personaje.

  • ¿Veis? Tres opciones para la misma imagen, y tres significados distintos. Ya no es que en el campo hay hierba verde y piedras grises y bajo el barranco rugen las olas; sino que es lograr que el lector no se pare a pensar hasta qué punto el color interfiere en su opinión, sino que lisa y llanamente sienta las cosas.

    Básicamente, podemos decir que el colorista aplica una especie de psicología para el uso del color: ¿se siente uno más comprometido emocionalmente? ¿Se ve al personaje más contento? ¿Más enfermo? ¿Más triste? ¿El ambiente refuerza la situación? ¿El suspense?

  • ¿En qué consiste el proceso de coloración?

  • El colorista normalmente se contrata en los momentos finales del proceso creativo, toda vez que los lápices han sido ya entintados. Normalmente, antes de empezar el proceso, se inicia un proceso de planificación.

    ¿En qué consiste? En preparar muestras de las páginas rellenadas con colores planos (es decir, coloreados a capón, sin degradados, iluminaciones o sombreados).

    Y es un proceso importante, porque ayuda al colorista a ver la diferencia entre objetos, personajes, fondo y primeros planos; así como a seleccionar cada objeto para evaluar los retoques en su coloración (recolorearlo, sombrearlo, jugar con la tonalidad del color elegido…). Este es el momento en el que, normalmente de acuerdo con el autor, se terminan de definir los colores finales.

  • Una vez escogida la paleta de colores, se perfilará para el cómic agregando los degradados, texturas, detalles, saturaciones, iluminaciones, profundidad y sombreado (que puede que los lápices y tintas no hayan hecho).

    El uso del color, insisto, refuerza el tono y la emoción de la escena: puede mostrar tensión al saturar más de color, puede mostrar decepción o disgusto al hacerlo más desvaído, se puede usar para atraer la atención hacia un determinado punto focal o para ayudar a guiar al lector a la hora de pasar de una viñeta a otra apoyando el impulso de la narrativa.

    Y, ya que hablamos de narrativa, los colores pueden usarse con esos fines reforzando qué personajes son buenos y cuáles son los malos, o qué lugares o situaciones son seguros y cuáles no.

  • El color marca la diferencia

  • No solemos pensar en el uso del color en los cómics, pero es importantísimo en cómo los lectores interpretamos el libro. Es algo que todos notamos y no podemos descartar y, aunque los coloristas están comenzando a estar más acreditados por su trabajo, la industria está lejos de equipararlos con otros estamentos.

  • En todo caso: ¿qué puede lograr un buen colorista?

    • Ayuda a dar vida a la historia, a la vez que aporta profundidad en su percepción.
    • No distrae de la narrativa de la historia.
    • Dirige la mirada del lector a lo largo de la página.
    • Hay un plan metanarrativo tras la paleta de colores elegida.
    • Aporta algo nuevo al cómic que antes no podía percibirse.
    • Se basa en el tono y la emoción que pretende transmitir la página.
    • Brinda al lector un contexto que, de otra manera, no habría.

    En definitiva, como en el caso del entintador, un buen colorista puede elevar una historia corriente a la categoría de obra maestra; mientras que un mal colorista puede hacer de una trama estupenda una cosa plana que nada vale.

    El trabajo de un colorista es agregar color y vida al trabajo del dibujante y del entintador. Literalmente, todo lo que ves en un cómic que no esté en blanco y negro es obra del colorista.

    Establece el estado de ánimo de la obra y, a menudo, sus contribuciones se suman al aspecto icónico y canónico de los personajes, los escenarios y las series de cómics en general. Un colorista tiene un estilo propio que puede resultar tan fuerte y contrastante como el del dibujante, y juega un papel fundamental en el equipo artístico.

  • Pero, pese a todos los puntos que, esperamos, os estamos descubriendo en este artículo, los coloristas suelen encontrar su trabajo subestimado: son ignorados en los comunicados editoriales y en los eventos de presentación. Su única mención se encuentra dentro de los créditos del cómic, y no siempre de forma expresa y visible.

    Esperamos que, con este artículo, toméis conciencia de que agregar color cambia mucho la percepción que una persona puede llegar a tener de un dibujo. En todo caso, como de costumbre, el personal de vuestra tienda favorita estará encantado de ayudaros al respecto y a debatir con vosotros con respecto a este tema.

    Imágenes | Akira Cómics.

Francisco Javier Illescas Díaz


Amante de la lectura desde antes de saber leer. Dueño de un ojo certero para discernir hasta los más nimios detalles. Gran aficionado a la Historia y azote de gente poco documentada.

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