El Buscón en las Indias: la continuación de lo que Quevedo dejó inconcluso

29/11/2019
  • Alain Ayroles y Juanjo Guarnido se atreven a contar con singular fortuna la segunda parte de la “Historia de la vida del Buscón”, que Francisco de Quevedo dejó sin hacer.

  • ¡Y cómo lo hacen! Reconozco que, pese a las ganas que tenía de echarle el guante a esta obra, tenía mis reticencias: ¿retomar la lectura y reinterpretación de un clásico del Siglo de Oro español en estos tiempos de desdén hacia las Humanidades? ¿Actualizar a D. Francisco de Quevedo en un entorno en el que los más jóvenes ni sabrán quién era?

    Tanto Alain Ayroles (“De capa y colmillos”) como Juanjo Guarnido (“Blacksad”) lo han conseguido en este impecable tomo de 160 páginas, con edición y maquetación impecables, marcador y con una lámina de regalo en su primera edición: “El Buscón en las Indias”.

    En él se nos ofrece, lisa y llanamente, lo que plantea en su portada:

  • “Una segunda parte de la Historia de la vida del pícaro llamado don Pablos de Segovia, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños; inspirada en la primera, tal y como en su tiempo la narrara don Francisco Gómez de Quevedo y Villegas, caballero de la Orden de Santiago y señor de Juan Abad”.

  • Una narración fiel al original y reflejo de éste

  • Y comencemos con la entradilla de la obra que hemos citado hace poco y que nos remite al título original de Quevedo:

  • Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños.”

  • Y al comienzo de la obra, que nos remite a su vez al final del libro original:

  • “…determiné, consultándolo primero con la Grajales –a la que alude en el cómic al principio como “Grajaleta”, y que supone el principio de sus desdichas en el Nuevo Mundo–, de pasarme a Indias con ella, a ver si mudando mundo y tierra mejoraría mi suerte.”

  • Y continúa con la frase que cierra este magnífico cómic en la página 154:

  • “…Y fuéme peor, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres.”

  • Es admirable apreciar hasta qué punto conoce Alain Ayroles esta joya del Siglo de Oro: la alude, la retuerce, usa su formato…

    La obra de Quevedo consta de 3 “libros” (3 partes diferenciadas), y el cómic asaz. En la original vemos cómo Pablos sirve a D. Diego Coronel, conoce a un arribista loco, a un clérigo viejo, alterna con un jaque, viejo soldado, y un ermitaño que resulta un tahúr de cuidado y cuyas mañas empleará más tarde en Sevilla, se burla de los banqueros genoveses para quedarse con su dinero, se dedica a la comedia en una compañía cuando está en Toledo, se hace pasar por noble…

    Todo eso se ve magistralmente reflejado en este cómic: efectivamente, conoce a un loco (del que saca partido, por supuesto), sirve temporalmente a un clérigo y a un viejo soldado, hace gala de sus dotes como jugador jugando a la carteta –juego popular de cartas que consiste en que saca una para otorgar puntos y otro para el banquero y gana el primero que forma la pareja con las que va saliendo de la baraja–, se burla de los portadores de fortuna para quedarse con su dinero, hace comedia y se hace pasar por noble.

    Exactamente las mismas mañas que aprendió en su mocedad corregidas y aumentadas.

  • Además, está la intención: Quevedo, en su obra original, no busca un efecto ejemplarizante, sino que busca la risa del lector, el efecto cómico. Vemos cómo, al igual que en la obra original, muchos hechos ignominiosos realizados por el protagonista quedan sin castigo. Aunque Pablos de Segovia no se libra de éste, aunque parezca el mayor de los premios.

    Y, hablando de ese presunto “premio” al que me refiero y que descubriréis al final del cómic, nos remite al dicho ese de “ten cuidado con lo que deseas, no sea que se cumpla” y a los textos originales, ya que Pablos le declara repetidamente a Don Diego su intención de subir en el escalafón social: “más alto pico, y más autoridad me importa tener”. Conversación que tiene su eco en las páginas 138 y 139 de “El Buscón en las Indias”.

    No olvidemos tampoco el magistral resumen de “El Buscón que nos ofrece a lo largo de “El Buscón en las Indiasa modo de flashback: la presentación de su familia (Clemente Pablo, barbero ladrón; Aldonza Saturno de Rebollo, dada a la brujería; y un hermano ladronzuelo, así como su tío, verdugo); la muerte de su hermano a causa de los azotes punitivos recibidos en la cárcel con 7 años; la “batalla nabal” –sí, amigos lectores, con “B” de “burro”-, la celada de sus compañeros estudiantes en la que le pegaron y escupieron, la pelea en la que se envuelve defendiendo a su madre (“…muy bien hiciste en quebrarle la cabeza; que esas cosas, aunque sean verdad –fue llamado “hijo de puta hechicera”- , no se han de decir”), el Dómine Cabra, el ajusticiamiento de su padre en la horca y la espera de su descuartizamiento (en el original de Quevedo, “aguardando ir en bolsas, hecho cuartos”), el castigo en forma de paliza al que se ve sometido de mano de Don Diego Coronel al hacerse pasar por un noble (D. Ramiro de Guzmán, identidad que usa también en este cómic, como la de Felipe Tristán, ambas utilizadas por Pablos en el original de Quevedo).

    ¿Y en cuanto a la picaresca en general? Sólo os adelantaré que su táctica principal es usar la leyenda de “El Dorado”, que no deja de ser el “timo de la estampita” de la época, pero de manera mucho más sofisticada. Pablos venderá a quien haga falta, traicionará, y sorprenderá con sus turbios tejemanejes, que lo llevarán allá donde ningún pícaro ha podido llegar.

  • En resumen, amigos míos, aprenderéis Literatura del Siglo de Oro con este cómic, que considero como una poderosísima herramienta de animación a la lectura, así como una correctísima aproximación al clásico. Incita a agarrar “El Buscón” y leerlo buscando, así, los guiños ocultos.

  • Una obra útil para el conocimiento de la Historia

  • Antes de hablar del colorido y diestro dibujo de Juanjo Guarnido, no puedo dejar pasar el reseñar el exquisito y exhaustivo proceso de documentación que ha seguido.

    Soy muy puntilloso con las cuestiones históricas, y no he sido capaz de pillar a Guarnido en un renuncio. ¡Qué mimo al detalle! Desde las armas (picas, alabardas, espadas roperas, dagas de gancho…) hasta sus denominaciones, pasando por las armaduras (coseletes, morriones…), correajes, talabartes, ropas (jubones, ropillas, camisas de mangas acuchilladas, calzones, calzas, cuellos, uniformidades del cuerpo de alabarderos reales, coletos, chambergos…), atuendos indígenas, localizaciones geográficas (El Escorial, el Alcázar de Segovia, la Plaza de Armas de Cuzco, el puerto de Sevilla…), personajes históricos… Todo hasta el más mínimo detalle con el estilo preciosista que caracteriza a este artista.

    Además, está claro que se ha hecho un curso acelerado de Historia del Arte, puesto que no hay personaje velazqueño (hablando así, en general) que no haya tocado.

    Sí, amigos míos, podemos ver personajes perfectamente reflejados en la obra de los pintores del Siglo de Oro español: empezando por Don Gaspar de Guzmán y Pimentel, Conde-Duque de Olivares (vale, la foto es de un cuadro conservado en el Hermitage, pero pienso que os servirá mejor para sacarle el parecido que con los retratos conservados en el Museo del Prado, como este) y terminando con el propio Felipe IV.

    Mención aparte merecen los enanos y bufones que fueron retratados fundamentalmente por el maestro Velázquez con singular maestría: el inteligente Don Sebastián de Morra, el bizco Calabacillas con su característica sonrisa; el inocente Francisco Lezcano (“El niño de Vallecas”); el leído e instruido Don Diego de Acedo, el presunto Don Antonio el inglés que, más posiblemente, sea Antonio Mascarelli, un enano genovés que entró en la Corte tras la muerte de Velázquez; o un envejecido Miguel Soplillo con sus características orejotas, basado en su representación, mucho más joven en compañía de un Felipe IV adolescente, en la obra de Rodrigo de Villandrando.

  • Pero no hemos mencionado el dominio que demuestra del famoso cuadro de Las Meninas, que tiene un peso específico enorme en este cómic.

    Todos sus personajes aparecen representados de manera exquisita: la infanta Margarita de Austria, Isabel de Velasco (hija de don Bernardino López de Ayala y Velasco, VIII conde de Fuensalida); María Agustina Sarmiento de Sotomayor (hija del conde de Salvatierra y heredera del Ducado de Abrantes); María Bárbara Asquín, más conocida como “Maribárbola”; Nicolasito Pertusato, enano de origen noble del Ducado de Milán que llegó a ser ayuda de cámara del rey; la viuda (y vestida como tal) Marcela de Ulloa (viuda de Diego de Portocarrero y madre del cardenal Portocarrero) y, cómo no, el mismo Diego Velázquez.

  • ¡Y todos ellos retratados con una exactitud pasmosa! Los mueve, los retuerce, juega con ellos… para ofrecernos un resultado delicioso. Mas, no conforme con ello, nos da una curiosa explicación al conocido carácter verriondo e indolente del Rey Planeta. Leed, leed y veréis.

    Como valor añadido al respecto, también se permite satirizar con las características de la sociedad estamentaria de la época. Muy curioso, sobre todo, su concepto sobre “ennoblecerse”, muy acorde con los conceptos de nuestro periodo barroco. No pierde ese toque satírico sobre las particularidades del Antiguo Régimen. Y… ojo, que Don Diego luce un atuendo sospechosamente parecido al de “El escorpión”, de Enrico Marini.

  • Juega también con la historia del cine

  • Dentro del proceso de documentación de Juanjo Guarnido se notan unas innegables referencias cinematográficas. Y no hablo sólo del manejo de los planos, sino de que pueden adivinarse algunas películas que, indudablemente, ha debido de ver para tomar referencias.

    Así, pueden intuirse influencias de “1492: la conquista del paraíso”, de Ridley Scott; “Aguirre: la cólera de Dios”, de Werner Herzog, “La Misión”, de Roland Joffé o, más nuestro, “La marrana”, de José Luis Cuerda.

  • Y, ya que ha salido el cine español, el conocido dibujante de “Blacksadjuega con nosotros representando a un buen número de actores clásicos españoles a los que os invito a descubrir: Alfredo Landa (por cierto, en su papel de Bartolomé en “La marrana”, antes mencionada) en las páginas 27, 29 y 30; José Sacristán en las páginas 41 y 43; Fernando Fernán Gómez (cuya presencia está más que justificada al haber interpretado a otro pícaro en la adaptación en televisión del Estebanillo de Guzmán: “El pícaro”) haciendo de anciano y ciego conquistador español en las páginas 54 y 55; Rafael Alonso en las páginas 60, 61 y 62 acompañado de José Sazatornil “Saza” en dos de ellas; Florinda Chico haciendo de tabernera en las páginas 50 y 51 (entre otras); Alfonso del Real en la 62; un joven Paco Rabal en la 56; Antonio Garisa ofreciendo un precio por un mapa en la página 136… y me dejo actores en el tintero, damas y caballeros. Busquen, busquen…

    Y todo ello sin considerar que la táctica picaresca de Pablos es una suerte de trama de “El golpe en versión barroca.

  • ¿Qué podemos decir de la trama y el dibujo?

  • Se resumen en una sola palabra: brillantes.

    Para comenzar, se elimina la estructura lineal del relato escrito, con lo que consigue que el lector permanezca atento merced a la estructura trepidante y dinámica de la historia.

    Como hemos dicho casi al principio, consta de 3 partes que, llegado el caso, se podrían leer de manera independiente, cada una centrada en un aspecto de la Historia general, pero que sólo adquieren su sentido completo si se leen en orden.

    Además, la trama es deliciosamente retorcida, maquiavélica: Pablos pasa de ser un pobre hombre con pinta de náufrago a un cabrón con pintas en unas pocas páginas. Todo muy fiel al espíritu picaresco del Siglo de Oro pero a una escala inimaginable.

    ¿A dónde puede llegar Pablos con sus tejemanejes? Os aseguro que no podéis llegar ni siquiera a esperarlo, puesto que el giro final es sorprendente.

  • Con respecto a la edición… difícilmente mejorable: una portada realizada al óleo y que evoca la estética de los cuadros del siglo XVII, letras doradas en relieve, tapa dura, una cinta roja como marcapáginas, el mapa hacia El Dorado en alta resolución cubriendo los interiores. Un producto precioso.

    Juanjo Guarnido, además, se sale por todas partes: expresividad, risa, aventura, épica… Un alarde estético en toda regla, como podréis apreciar en la doble página en la que podemos disfrutar El Dorado. Nos muestra, además, su talento como colorista y como caricaturista. Su uso del color, además, realza la tensión en algunas escenas. Y, que lo sepáis, el original de la portada se pintó al óleo.

  • ¿Tiene, acaso, alguna pega este cómic?

  • Por sacarle alguna, le pondremos tres.

    La primera es la licencia que se toman en lo tocante a la representación de Pablos al que, tras la paliza que le pegan por orden de Don Diego cuando intenta hacerse pasar por Don Ramiro de Guzmán, recibe un profundo tajo en la cara, tal y como reza en el original:

  • “…viendo mi cara con una zanja de palmo […] asiéronme para llevarme a curar […] Acostéme y quedé aquella noche confuso y pensativo, viendo mi cara partida en dos pedazos…).

  • La segunda es que echo de menos algún cameo de dos personajes principales: el del mismo Francisco de Quevedo, autor de la obra, y el de un personaje de la Corte que tiene sátira en la obra original y al que Quevedo profesaba cierta inquina: Don Luis Pacheco de Narváez, maestro de armas de Felipe IV y creador de la Verdadera Destreza de las armas.

    La tercera es que resulta posible que los defensores de la ortodoxia en los textos clásicos sientan un cierto resquemor, puesto que el meterle mano a una de las muestras arquetípicas de nuestra Literatura puede suponer un acto de irreverencia, de innecesaria osadía… Pero en este caso de trata de una bendita osadía, ya que nos encontramos con un dignísimo homenaje a uno de los grandes del Siglo de Oro.

  • Es un tebeo que vale su peso en oro y que debería utilizarse como medio didáctico: tiene Literatura, Historia, Arte, Geografía e, incluso, un puntito de Arqueología. Captura de manera magistral los distintos ambientes históricos y geográficos. Y, además de meter el gusanillo por saber más, te hace pensar.

    Además, homenajea a muchos personajes de nuestra historia cinematográfica reciente… y todo sin que resulte una obra de lectura complicada. Es ameno, agradable, pero a la vez muy pero que muy sustancioso.

    Una obra que todos deberíamos tener. Un regalo fantástico para niños y mayores. Así que en Akira Cómics, vuestra tienda de referencia, os espera “El Buscón en las Indias”. No lo dudéis. Es un valor seguro para las Navidades.

    Imágenes | El Buscón en las Indias.

Francisco Javier Illescas Díaz


Amante de la lectura desde antes de saber leer. Dueño de un ojo certero para discernir hasta los más nimios detalles. Gran aficionado a la Historia y azote de gente poco documentada.

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